La conciencia: Antes de que se guarde en un museo un articulo   Leave a comment

La Conciencia: Es la misma organización del ser, en tanto no es una simple función, sino un campo que da forma a la organización del ser. Es a la vez sujeto y objeto, en el sentido de que debe dar cuenta de su constitución (ser enceerrado en su organización y abierto a su mundo), de su estatuto (ser por sí mismo y los demás) y de su problemática (ser, aparecer y llegar a ser). En el sentido de Husserl, en el campo de la conciencia se entrelaza lo vivido y el juicio, lo cual es la problemática de ser consciente, es decir que el ser consciente es un ser que plantea a sí mismo al plantearse la cuestión de su ser”. Esto impone dos niveles que están dados por estos elementos:
1) Objetiva: Ser consciente (Bewustein) Predictiva:
2) Subjetiva: Un ser consciente (Bewusstes wesen) existente objetivamente definido.

El Campo de la conciencia: Resultante de las actividades que regulan actualización de lo vivido y componen la organización témporo-espacial de la experiencia inmediata del Dasein (ser en el mundo).
Es decir que el campo dela conciencia se estructura a partir de una organización qué es jerárquica, y está dada por una serie de estructuras (disociadas por la clínica artificialmente)

La realidad de la consciencia:
La conciencia tiene un problema esencial, el cual constituye su única realidad, su organización compleja. En este sentido la estructuración de la conciencia no es simple, sino que se opera a través de funciones, que son las modalidades del ser consciente:

Cuadro 1. Modalidades del Ser consciente:

1) Atención
2) Memoria
3) Reflexión
4) Lenguaje
5) Conocimiento
6) Inteligencia
7) Sensibilidad
8) Percepción
9) Yo
10) Conciencia Moral
11) Conciencia de Sí mismo

Estas modalidades del ser consciente, son divisiones arbitrarias, pero que permiten tener una idea de la heterogeneidad que tiene que darse para poder conformar la unidad del ser psíquico. A) Es por ello que Henry Ey define al ser consciente como una organización autóctona, pues sólo funciona por medio de esta relación de la vida psíquica del individuo, con la vida psíquica de los otros, y además, con el propio organismo. B) En este sentido la conciencia funciona como un “medio’, que arbitra el movimiento, envolviendo la objetividad del mundo de la representación. Esto permite inaugurar una objetividad, porque es ella misma su objeto, ósea que la conciencia está en el mundo porque es el mundo (MODELO, Husserl). Ósea que se presenta a sí misma como un objeto (conocimiento) y a la vez como un saber (reflexión). Pero hay que entender que la conciencia no es un espacio, sino más bien una TEMPORALIDAD (Heidegger). En este sentido la conciencia puede estructurarse de forma sincrónica (cuando se actualiza como experiencia en la actualidad), o bien de forma diacrónica (como un proyecto en relación a su historia).
Este ORDEN impone que el ser consciente esté estructurado como una reverberación del yo sobre su experiencia, es decir, que el ser consciente se diferencia del yo, en tanto puede trascender su vivido. Porque, aunque, en efecto, las vivencias (erleibnis) entran en la conciencia como PROPIEDAD DEL YO (EN LA Eigenheitspare que constituye su núcleo), pero que sólo pueden hacerse conscientes (ser conscientes – Bewusstes wesen) de sí mismo (self) a la vez que objetivizan al propio yo. En consecuencia la conciencia no es el producto del ego, sino que supone, por el contrario, su constitución (SER CONSCIENTE ES DISPONER UN MODELO DE MUNDO), esto se conoce en fenomenología como disposición.

Cuadro 2. Elementos que componen el ser consciente (bewusstes wesen) en general:

1) Medio autóctono
2) Construcción de un modelo de reflexión del mundo del sujeto
3) Orden
4) Temporalidad en su constitución
5) Creación de sí mismo (constitución del ego)

Las dos modalidades del ser consciente. Entonces el ser descansa sobre una temporalidad, que al mismo tiempo constituye una organización (identidad). Es decir que presenta una estructura que está dada por un ciclo funcional (Gestalkreist), en la cual, los dos hemiciclos se engendran recíprocamente. Es decir que el ser consciente, es al mismo tiempo la actualidad del campo representaciones, y a la vez, la constitución de experiencias de las cuales se distancia y objetiva. Es decir que ser consciente implica la conciencia en tanto que actualización de la experiencia vivda y la conciencia en tanto que se desarrolla en el sistema de su persona. Estas dos estructuras se conocen como consciencia de lo vivido (presente) y la consciencia de sí mismo (proyecto).

a) Foco: Esto es lo que llamamos presente, campo perceptivo, o constitución d un sistema de atención por encima de las trazas, que permite su presente, lo que se manifiesta en sí. Para Portnoy, el foco se constituye por la máxima concentración intencional de la actividad de la conciencia en algo, de manera tal que la percatación se logre con máxima claridad, nitidez y distinción”.
Así el define la “lucidez mental” al estado de la conciencia capaz de lograr la máxima concentración intencional normal de su actividad ordenada haciendo que sus contenidos posean claridad nitidez y distinción. Una persona tiene la conciencia lúcida cuando tiene todas sus funciones psíquicas normales, lo que la lleva a una correcta orientación auto y alopsíquica.
b) Campo: Es decir que la conciencia tiene una estructura basal, a la que denominamos campo de la consciencia, en la que se organiza la experiencia, lo vivido, por medio de este campo de presencia. Es decir que la conciencia no puede vivir lo vivido sin presentárselo en el presente, como un intervalo, o espacio, entre lo que ha sido, y lo que ha de ser. Así la conciencia introduce el espacio de la representación, en la actualidad de lo vivido. Por todo ello la consciencia no se hace presente, sino que se presenta, en relación a la actualidad de su proyecto.
c) Transactualidad del ser consciente como estructura del yo. Así el sujeto por medio del campo de la consciencia (el escenario), produce una diferenciación de su sujeto que pasa de una subjetividad confusa a un YO. El yo se revela como la forma reflexiva de la conciencia de sí mismo. Así el yo se sumerge en el pasado o avizora su porvenir según una trayectoria (axiología) sin parada, esto es lo que se entiende como trascendencia de la consciencia en el sentido de Husserl. Es decir que el yo se constituye en persona por la autoconstrucción de un sistema propio de valores y un desarrollo histórico, lo que Heidegger entiende como Dasein. (X)
d) Relaciones del campo de la conciencia y el Yo. Hay una relación de subordinación entonces entre la conciencia propiamente dicha (la organización de la actualidad de la experiencia vivida) y el yo (la autoconstrucción de la personalidad en la experiencia de sí mismo).
¿Es superior una a la otra? No hay una relación tal para mí, si para H. Ey, pero sí se puede entender que la segunda es una dimensión trascendental, en tanto impone una INTEGRACION DEL SER CONSCIENTE, pero además de su relación con lo que no es consciente, lo otro (INCONSCIENTE)
Tal como menciona Portnoy en su texto: “El yo es una producción sintética y trascendente de la conciencia más que una estructura puramente formal, habitante de la conciencia que constituye la personalidad en su aspecto activo y la totalidad concreta psicofísica de la misma; es vivido como sujeto de todo acto psíquico.
Por eso para Portnoy la conciencia es: “…es una estructura compleja, irreflexiva (empírica- reflexionante), reflexiva (reflexionada), intencional, temporal (no espacial), dinámica, de flujo constante no detenible pero sí “tetanizable”, unificada, unificante, con sustrato orgánico, constituida por la integración de todas las funciones psíquicas en su permanente accionar, y cuyo producto final es el conocimiento (síntesis vivencial) o reconocimiento de algo real o no, interior o exterior y del yo por sí mismo”.

2. El sueño y los estados confusionales: Debemos diferenciar nuestra concepción de conciencia, con la que se conoce usualmente como conciencia psicológica, es decir, “el estado, en cierto instante de la suma de informaciones que abarca el psiquismo, y que posee una estructura que ordena o deja ordenar el espíritu” (Porot). En nuestra concepción amplia “la conciencia es la experiencia sensible inmediata del presente representado” (H. Ey).

En este punto debemos que el beheviorismo entiende que en este estado se anula, o niega la conciencia. Otros autores introducen como J. Delay opinan que la conciencia es la función vígil, que posee ciertos grados jerarquizados que la disminuirían a ser una función mas a nivel cualitativo. Esto sería reducir la consciencia al sistema reticular ascendente, y a cierta parte del diencéfalo, faltaría comprender, por ejemplo, la atención que es una función estrictamente prefrontal. Esto se remite a Janet que consideraba que la conciencia
En definitiva lo que se entiende muchas veces como conciencia psicológica se remite a una mera función de síntesis, como decía Pierre Janet. Desde la cual el inconsciente caótico, pasa a ser un subconsciente automatizado, para luego ser una conciencia espontánea, que pronto de lugar a una conciencia refleja, que permite mediante un esfuerzo su completud vital.

El sueño presenta lo vivido como dotado de una cualidad simplemente perceptiva (noética), es lo que Sartre entiende como un “imaginario sin mundanidad”, puesto que adolece de todo planteamiento objetivo o mundano (función tética). Por lo cual los sueños son lo vivido absoluto, lo que Freud entiende como principio de placer. Es decir que el sueño es del orden de lo vivido absoluto.
Pero para incluso poder realizar una organización de esta experiencia, de esta noesis (es decir, pasar por una elaboración secundaria) es necesario que se imponga un contexto simbólico, que traduzca estos elementos por una cierta regla de sintaxis o retórica, que permita restituir este vivido a la realidad. En términos Sartreanos debe convertir esta experiencia en sí misma, en una experiencia para sí mismo. Y esto nos muestra que dormir, no es anular la conciencia, sino simplemente una desestructuración de la misma, en donde se plantea una modificación en este caso no patológica de la actualidad de lo vivido (Erlebnisse), pero que por ello, es irreductible al núcleo del concepto, el de la proyección de una intencionalidad (Sinngebung). Es decir que el soñar lejos de ser algo negativo para la conciencia, se impone como la liberación por medio de la desestructuración de la misma, esta reducción a la nada, libera la posibilidad de lo vivido, es decir lo que todavía es necesario y posible actualizarse.
La ausencia del sujeto en el sueño, así como en la confusión mental, permiten al individuo una separación de sí mismo. Se imponen entonces como meras presentaciones sin representación posible, en la conciencia del confuso o el soñador. Se impone así otro mundo, otras cosas. Sólo pueden ser incorporadas a la realidad , por medio de una codificación, una verdadera hermenéutica de sí mismo (Paul Ricaeur).
En los estados crepusculares, el mundo ya no es reducido a nada, sino transfigurado, desbaratando la lógica del espacio. Se anula lo que entendemos por realidad, para dar lugar a lo fantástico. Así el escenario se vuelve cósmico y apocalíptico, por eso el indiduo al recuperarse se muestra perplejo ante el.
En el desdoblamiento alucinatorio, es decir, lo que entendemos como una alucinación en sentido genérico, sin importar si es intrapsíquica, o bien, lo que se llaman alucinaciones verdaderas. Pues se imponen como un desorden del espacio vivido de la representación, es falso ese adagio de que no altera la conciencia, lo hace pero en términos de que modifica al acontecimiento, oponiendo el sentido de un sentido (Strauss). La lucidez y el entendimiento podrán estar preservados, pero se impone una alteración en la experiencia de la comunicación. Así la conciencia alucinante devenida en una ilusión realista, sustituye la experiencia inmediata de una voz, venida por fuera de ella misma, como un objeto del mundo exterior. Es decir, la lengua que hablan estas voces, no es la misma que la realidad objetiva, en tanto que contrasta con la singularidad de lo vivido (Kant diría que se anula el para sí, pues son en sí mismas).
Finalmente, las experiencias de despersonalización y la manía nos imponen la alteración de la espacialidad (nuestro cuerpo ya no está entrelazado a nuestra persona, se extravía el mundo). En cambio en la manía se impone una alteración fundamentalmente en la temporalidad, así como en la manía. En ambas la emoción impide a la conciencia pararse en el presente, esto altera su temporalidad (No el orden mensurable, sino el movimiento de lo vivido). Así en la manía lo que sucede es que se impone un deseo desenfrenado, dado que el maníaco se abre hacia el infinito de lo imposible. Inicialmente esto no turba su lucidez, hasta que este torbellino lo libera de todo deber, de toda realidad, imponiendo una verdadera fuga de ideas (Ideenfluch) como dice Binswanger, que no es otra cosa que la liberación de todo posibilidad, el es puro presente. Por eso Abraham solía ver en ello una regresión a la etapa oral, es decir, a aquella etapa en que el otro no es más que un objeto de mis satisfacciones. En el melancólico en cambio, y por el mismo movimiento regresivo casi, impone a la realidad su pasado como un imperativo categórico, como decía Henry Ey. Él dice: “Así como el maníaco queda atrapado en la eternidad de lo posible, el melancólico está congelado en la eternidad de lo imposible” (CC, 86). En este sentido la falta de legalidad y temporalidad, se da por y para la culpa que se impone, que condenan como voces silenciosas sus acciones. Es decir, que ambas patologías son simátricas, pues imponen una anulación del campo dl presente, es decir, que no permiten constituir a la experiencia como actual, puesto que el presente no deviene, como algo necesario, sino contingente a lo que le sucede a sí mismo.

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Publicado septiembre 19, 2017 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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