El problema del yo y su inautenticidad   Leave a comment

El inconsciente en la escuela fenomenológica parece un interdicto, una contradicción. En efecto es impensable para esta escuela una noción de inconsciente en términos psicologista. Puesto que hablar de un inconsciente, como una estructura propia, sería evitar todo factor positivo en relación a una intencionalidad que se despliega en relación a las evidencias téticas que constituyen la temporalidad noematica. En este sentido la idea de funciones que no se excluyen de la conciencia, son en cierta forma o inconsciente no es más que el horizonte de latencia de la conciencia, lo no tematizado o no atendido, pero pasible de presentación (Husserl, 1913). Esta franca puesta de distancia, seguida por casi toda la escuela fenomenológica, era en realidad, no sólo una posición ideológica, sino un intento por mantener una divisorias de aguas en función de no ser invadidos en un campo netamente teórico por concepciones que tenían más connotación clínica, que teórica: el objetivo de la fenomenología era el evitar la irrupción de un psicologismo, es decir, un conjunto de razonamientos que invaliden la lógica que se utiliza para la comprensión del ser, y lo que es peor, anule toda “historicidad” en el sentido de construcción subjetiva. Tal como dice Heidegger: “El espíritu viviente es como tal espíritu histórico en el sentido más propio del término”.

Pero si hay un concepto que muestra que la idea de que procesos implícitos, y no inclusivos en la conciencia, tienen lugar, es más, que una construcción es necesaria se da por medio del concepto de autenticidad.

En efecto si con el concepto de estado-de-yecto nos sumergimos en la temática más propiamente existencialista de este autor, que deja de lado toda aspiración de trascendentalismo en el sentido neokantiano del término. Con el otro concepto Heideggeriano del rechazo del concepto simple de presencia, en el sentido de que el yo, no es un ojo que puede actualizar todo lo que sucede como una verdad, dado que, se impone siempre un escotoma, hay algo del orden de lo aprensivo que no puede ser aprehendido por el yo como simple actualidad dada, no puede entonces haber una dependencia idealista y absurda del mundo del yo. El tema quizá que hacía dividir aguas era esta equiparación casi automática entre yo y conciencia, que daría para otro capítulo.

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Como quiera que sea, volviendo a autenticidad, hay que entender que la concepción de caída, o condición de yecta (Verfallenheit) implica siempre que el mundo es un estar con otros, es decir, que el campo de la actualidad está siempre con otros, por lo que tiende a interpretar el mundo por medio de la opinión común. A esto Heidegger denomina el mundo del “se”: “encontramos escandaloso lo que se encuentra escandaloso”. Es decir que el Dasein tiene la impresión “de comprenderlo todo, sin aproximación preliminar de la cosa”. Esto es lo que determina el estado de yecto o constitutivo del Dasein, en el sentido que la denominada estructura del se, determina y explica el estado interpretativo del Dasein. La inautenticidad del Dasein se daría por esta imposibilidad de poder abrirse a la comprensión de las cosas, dado que el se evita el aproximamiento de sí mismo.

Pero esta condición en Heidegger no parte de una estructura negativa, es una condición que puede ser revertida por medio de la comprensión de sí, alcanzando lo que denomina la autenticidad (Eigentlichkeit). Así dice: “en él se oculta una posibilidad positiva de conocer lo más originario, posibilidad que es captada de manera genuina sólo si la interpretación comprendió que su tarea primera, es la de no dejarse imponer nunca pre-disponibilidad pre-videncia y precognición (son los términos constitutivos de la pre comprensión) por la situación o las opiniones comunes, sino que debe hacerlas surgir de las cosas mismas por lo que quedará garantizada la comprensibilidad del tema” (Ser y Tiempo, 270).

tableau-sur-toile-marilyn-monroe-warhol-alhuilesurtoileTal como señala Lanteri-Laura esta es la vía regia para comprender, que la discusión vacua entre conceptos, no permite ver la dimensión que marca Heidegger, con esta distinción. Porque en efecto si comprender implica abrirse al proyecto, es decir, a lo dispuesto, implica abrir un proceso de elucidación, un discurso diferente, que permita encaminar a la comprensión del Dasein, en términos de su autenticidad. Como dice Lanterí Laura esta es la fase en la que Heidegger dio lugar a la existencia de la instancia inconsciente. Esto igual lo veremos en otra oportunidad.  inconsciente en la escuela fenomenológica parece un interdicto, una contradicción. En efecto es impensable para esta escuela una noción de inconsciente en términos psicologista. Puesto que hablar de un inconsciente, como una estructura propia, sería evitar todo factor positivo en relación a una intencionalidad que se despliega en relación a las evidencias téticas que constituyen la temporalidad noematica. En este sentido la idea de funciones que no se excluyen de la conciencia, son en cierta forma o inconsciente no es más que el horizonte de latencia de la conciencia, lo no tematizado o no atendido, pero pasible de presentación (Husserl, 1913). Esta franca puesta de distancia, seguida por casi toda la escuela fenomenológica, era en realidad, no sólo una posición ideológica, sino un intento por mantener una divisorias de aguas en función de no ser invadidos en un campo netamente teórico por concepciones que tenían más connotación clínica, que teórica: el objetivo de la fenomenología era el evitar la irrupción de un psicologismo, es decir, un conjunto de razonamientos que invaliden la lógica que se utiliza para la comprensión del ser, y lo que es peor, anule toda “historicidad” en el sentido de construcción subjetiva. Tal como dice Heidegger: “El espíritu viviente es como tal espíritu histórico en el sentido más propio del término”.

Pero si hay un concepto que muestra que la idea de que procesos implícitos, y no inclusivos en la conciencia, tienen lugar, es más, que una construcción es necesaria se da por medio del concepto de autenticidad.

En efecto si con el concepto de estado-de-yecto nos sumergimos en la temática más propiamente existencialista de este autor, que deja de lado toda aspiración de trascendentalismo en el sentido neokantiano del término. Con el otro concepto Heideggeriano del rechazo del concepto simple de presencia, en el sentido de que el yo, no es un ojo que puede actualizar todo lo que sucede como una verdad, dado que, se impone siempre un escotoma, hay algo del orden de lo aprensivo que no puede ser aprehendido por el yo como simple actualidad dada, no puede entonces haber una dependencia idealista y absurda del mundo del yo. El tema quizá que hacía dividir aguas era esta equiparación casi automática entre yo y conciencia, que daría para otro capítulo.

Como quiera que sea, volviendo a autenticidad, hay que entender que la concepción de caída, o condición de yecta (Verfallenheit) implica siempre que el mundo es un estar con otros, es decir, que el campo de la actualidad está siempre con otros, por lo que tiende a interpretar el mundo por medio de la opinión común. A esto Heidegger denomina el mundo del “se”: “encontramos escandaloso lo que se encuentra escandaloso”. Es decir que el Dasein tiene la impresión “de comprenderlo todo, sin aproximación preliminar de la cosa”. Esto es lo que determina el estado de yecto o constitutivo del Dasein, en el sentido que la denominada estructura del se, determina y explica el estado interpretativo del Dasein. La inautenticidad del Dasein se daría por esta imposibilidad de poder abrirse a la comprensión de las cosas, dado que el se evita el aproximamiento de sí mismo.

Pero esta condición en Heidegger no parte de una estructura negativa, es una condición que puede ser revertida por medio de la comprensión de sí, alcanzando lo que denomina la autenticidad (Eigentlichkeit). Así dice: “en él se oculta una posibilidad positiva de conocer lo más originario, posibilidad que es captada de manera genuina sólo si la interpretación 300px-zelig_postercomprendió que su tarea primera, es la de no dejarse imponer nunca pre-disponibilidad pre-videncia y precognición (son los términos constitutivos de la pre comprensión) por la situación o las opiniones comunes, sino que debe hacerlas surgir de las cosas mismas por lo que quedará garantizada la comprensibilidad del tema” (Ser y Tiempo, 270).

Tal como señala Lanteri-Laura esta es la vía regia para comprender, que la discusión vacua entre conceptos, no permite ver la dimensión que marca Heidegger, con esta distinción. Porque en efecto si comprender implica abrirse al proyecto, es decir, a lo dispuesto, implica abrir un proceso de elucidación, un discurso diferente, que permita encaminar a la comprensión del Dasein, en términos de su autenticidad. Como dice Lanterí Laura esta es la fase en la que Heidegger dio lugar a la existencia de la instancia inconsciente. Esto igual lo veremos en otra oportunidad. Mientras tanto a seguir encontrado nuestros modos de ser, como Woody en Selig

 

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Publicado diciembre 8, 2016 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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