Las muchas madres: De diosas a personas   Leave a comment

ImagenEn la filosofia Sankhya  esta diosa es una expresión del prototipo de la madre, según la forma que adquiere el principio de la Prakrti, a quien se le atribuye la posesión de las tres gunas: bondad, pasión y tinieblas. Este viejo mito nos remite una vez mas a la relación tan primordial, cercana y natural que sucede con nuestras madre. Que tal cual como un Dios debe ir ascendiendo, que no implica que suba de valor, sino que tome la distancia que permita que la pasión no termine siendo un mar de tinieblas. Sin embargo alcanzar ese espacio intermedio que implica equilibrar estas tres gunas, o manifestaciones de la misma no es un camino fácil. Es un camino por contrario arduo que implica muchas veces la necesidad de la distancia, el silencio, el mal humor, el odio, la desidia; y no en forma infrecuente nuestra madre experimentará que hemos dejado de ser previsibles, que no somos lo que esperaba que fuéramos, que las tinieblas comenzaron a operar.

ImagenEste temor no es infundado, no es infrecuente que el camino iniciado por la persona sea torturo, la separación implica la necesidad de poder incorporar estos Prakrti, por decirlos así, hasta ahora prevenidos por la deidad. En otras palabras la distancia, el alejamiento, solo puede hacerse a partir de una capacidad de cuidado de esta madre, que a diferencia de Cali pueda salir del bastión siempre distante de lo que es metafísico y etereo. Y pueda poner un límite corporal, pero también mental, a la ensoñación que se inicio frente a este primer y gran objeto. Solo una madre lo suficientemente buena puede compensar  la pasión, direccionar la bondad y ofrecer la luz que aleja de una tiniebla. Pero sólo los hijos podemos ver esa luz, no son las madres las que pueden dárnela, por el contrario, se trata de saber que no la tiene. Que esa luz la tiene que generar uno, a pasar de la oscuridad que todo lo vela y cancela. Es un proceso dificil que sin embargo es lo mas cercano a la realización del ser en sí mismo, es solo así que la persona vuelve a nacer y puede experimentar la autenticidad.

La madre es un prototipo que se puede ver desde muchas maneras. Jung hablaba de una Gran Madre, es decir, de aquella mediante la cual es investida la medre según el orden y calidad de ciertos atributos asignados a esta figura, cuya trama simbólica resulta extremadamente variada. Jung, propone una suerte de tipología sumaria en la que coexisten virtudes contradictorias, pero no menos eficaces en lo que concierne a su capacidad simbolizante y a las imagenes que éstas vehiculizan. He aquí algunas de ellas: madre, abuela, madrastra, suegra, aya, criada, niñera, etc. Sin embargo, la mujer diosa, constituye uno de los prototipos fundamentales y el mas elevado, tal es el caso de la madre de Dios, virginal; o la madre instituida como figura redentora y promisoria, la cual se erige en portadora de todo anhelo de salvación.

Sin embargo junto a estas imágenes benéficas y generadoras de vidas, yacen otras no tan propicias y que encarnan cierto caracter fatídico, portadores de muerte, desdicha e infortunio. Tal es el caso de la diosa del destino (parcas, graeas, nomas), o bien, Ananké, la diosa de la necesidad que depara con sus nefastos trabajos el hambre, la pobreza, la privación, la desidia, entre otros. Así mismo la figura de la madre suele vinculársela a la oscura profundidad de las aguas en el sentido de lo mistérico e insondiable, la tumba, el sarcófago, o bien la hechicera, quien por otra de las artes malignas consuma la reunión de las fuerzas destructivas o devastadoras, que luego arroja sobre las víctimas.

Debe decirse que esta alternancias no son caprichosas sino que responden a la dinámica interna del proceso simbólico y a la circulación y uso del cual cada cultura hace de ellos.

Pero entre los elementos salientes del prototipo de la madre, siempre se destaca “lo materno”, la autoridad mágica y mística de lo femenino, la sabiduría y las virtudes espirituales que se sitúan mas allá del entendimiento racional; lo benéfico tanto como lo maligno, proviene de la vida, lo sombrío, lo diáfano, la fertilidad, el alimento fecundo, como el veneno se alternan. Figuras como Diótima invocada por Sócrates en el Banquete, muestra en este caso a la mujer iniciadora en los misterios sexuales, de la procreación, la generación que instruye sobre estos misterios que atesora. Recuérdese aquí el discurso que pronuncia Sócrates en la citada obra a propósito del nacimiento de Afrodita ( o Venus): 

“Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron con un bantquete, y entre otros, estaba también Poros, el hijo de Metis, la discreción. Después que terminaron de comer, vino a mendigar Penía, la pobreza, como era de esperar en una ocasión festiva, y se acercó a la puerta. Mientras, Poros, embriagado del néctar – pues aún no había vino – entró en el jardín de Zeus y, perturbado por la embriaguez, se durmió. Entonces  Penía, impulsada por su carencia de recuerdos planeó tener un hijo con Poros, y yaciendo a su lado concibió a Eros. Por esta razón Eros secunda y acompaña a Afrodita, pues fue engendrado en la fiesta del nacimiento de la Diosa y a su vez por su naturaleza es un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Pernía, Eros ha recibido las siguientes características…En primer lugar es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es mas bien duro, y seco, descalzo y no posee hogar, duerme siempre en el suelo descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y los bordes de los caminos, y es compañero inseparable de la indigencia por haber recibido la naturaleza de su madre. Pero por otra parte de acuerdo con la naturaleza de su padre procura siempre lo bello y lo bueno; es aliente, audaz y ávido de sabiduría y rico de recursos, un amante…del conocimiento a lo largo de toda su vida, y un formidable mago, un encantador y un sofista. Y por su naturaleza no es inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere pero recobrando la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Sin embargo lo que consigue siempre se le escurre de las manos, de modo que Eros nunca se ve privado de recursos, pero tampoco es rico, y se sitúa además en medio de la sabiduría y la ignorancia…Así el que no está necesitado tampoco desea lo que cree necesitar” (El banquete, 203-204)

La vida de una madre es siempre un bello camino pero debe surcar por su marcado eras un mundo de transiciones y oposiciones, solo una madre lo suficientemente buena lo es capaz de soportar, ese es el misterio y la magia de ser una Madre. Y el gran regalo, de haber tenido una, ahora lejos de mí. 

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Publicado octubre 20, 2013 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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