El aburrimiento 3 (Final). La intermitencia del mal   Leave a comment

Algunos sujetos se aburren por un período de semanas, o incuso meses, se trata en estos casos como bien lo marco la escuela órgano dinámica, de una variedad deaburrimiento3 “psicosis intermitente”. En esa afección, en su forma típica, los enfermos presentan fases de depresión con tristeza, desesperación, inercia, dificultad y/o imposibilidad baudelairede desarrollar sus actividades diarias. Es como si la voluntad estuviese trabada, o bien, para como diría Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, hay una “negación de la voluntad de vida”. Cosa que podemos inferir por su autobiografía sea algo que primero descubrió en él propio discípulo de Schopenhauer. Por el contrario en el aburrimiento intermitente forma típica y mono sintomática, de psicosis maníaco depresiva, la actividad no parece afectada, o bien, solo se traduce en una forma de apatía leve a moderada, aquí “no hay interés”. Por eso en esas formas hay que temer y prevenir el suicidio puesto que en otras formas depresión hay que temer y  prevenir el suicidio; puesto que si la voluntad sufriente aspira a la aniquilación, la voluntad que conservó todos sus recursos puede servirle complacientemente. En el aburrimiento esencial el individuo se aburre por derecho propio, “nació aburrido”. Para que se entienden en psiquiatría muchas veces se presta mucha atención a lo que no cumple con la norma, esto es cierto en parte, pero debemos entender que cada persona es diferente. Para que se entienda en virtud de los que estudiamos personalidad así como los expertos en dolor hablan de que hay un “umbral subjetivo a dolor”; en dable pensar que hay un “umbral de tolerancia al aburrimiento”, un grado de resistencia frente al cambio, hijos de la espera, estas personas necesitan ser saciados con sus mecanismos de repetición, obviamente, sólo es un rasgo constitucional, pero que muchas veces se pasa de lugar a la hora de estudiar la personalidad. Así hay personas que no conocen el aburrimiento, puesto que su percepción del tiempo puro les resulta algo natural; para otras el tiempo unido sin diversión y sin diversión, es malestar: les produce temor vertiginoso el vacío. Baudelaire lo describió maravillosamente:

“Para engañar al enemigo vigilante y funesto, El Tiempo. Hay corredores que no descansan como el judío errante…. Hay otros, Que saben matarlo sin abandonar la cuna”.

c1 En una clasificación básica de temperamentos psicológicos se describe entre sujeto sintónico, el cual, vuelto hacia el mundo exterior, vibra al unísono con el mundo exterior, tiende a sufrir fastidios pero en términos generales no se aburre; el esquizoide (de Schidzein, que significa algo así como separar el ser) se encuentra en efecto separado de su medio, se repliega en sí mismo, a quien ama. Podríamos agregar un tipo atónico, quien a diferencia del emotivo y del soñador, no se pueden encontrar atractivo fuera sí mismo, se golpea contra los límites infranqueables de su propio ser. Se golpea contra el vidrio indestructible e infranqueable del aburrimiento. El enfermo afectado por el aburrimiento horroroso, en limbos peores que el enfermo. Así Flaubert pensaba el arte es un gran recurso, en efecto si la vida presente no le interesa, la representación de la vida pasada o posible, lo distrae por intervalos

“Mi juventud se sumergió en no sé que especie de opio de fastidio para el resto de mis días. Consideré mi vida con odio. Consideré como un suplicio comer, vestirme y estar de pie…”

Joseph-Ferd. Boissard de Boisdenier Hetaire offerte Cuando el aburrimiento se convierte en crónico se puede producir una inversión del instinto de conservación, por lo cual, lo que era el desvío de una corriente meramente cariñosa a un objeto ausente, se convierte en un deseo de muerte. Así como si nada comienza a creer que es el aburrimiento es una enfermedad hereditaria, pudiendo abandonar esta vida fría y flemáticamente para sorpresa de todos sus seres queridos. En fin, en la mayoría de los casos, este amor por la muerte pasa a ser una forma difusa de melancolía que sería una “ola del alma”. Los viejos semiólogos Ingleses como Blackmore le llamaban “spleen”, que se refiere a una nostalgia de la que se reciben los ecos en el arte y la literatura y la que, siendo del todo una enfermedad reviste el aspecto a menudo sublime de una belleza. Esta belleza oscura suele reflejarse en una vieja frase de Blaise Pascal sobre la muerte, que dice:

“Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la vida”

Así la esta frase – y quizá toda la obra – de Pascal se resume en una defensa contra la ansiedad, como un temor contra la muerte; la obra de Flaubert un medio de

defensa contra el “odio por la vida”. Finalmente la conocida toxicomanía de Baudelaire fue quizá un refugio contra el “aburrimiento” por medio de el “inmenso opio”. Hay otros “adictos a las flores del mal” como Baudelaire, de hecho, el autor fue el miembro de una generación que formó un club para refugiarse del tedio, del aburrimiento de la vida diaria, el conocido club del hachis.

hashish-club-hotel_de_lauzun El Club del Hashís. En toda la zona de influencia musulmana el hachís fue consumido durante siglos, quizá porque en la religión musulmana está prohibido el alcohol. Así a mediados del siglo XIX esta droga es importada a París, donde el autodenominado “Club des Haschischiens”, decide adoptarlo como motivo y objeto adorado de sus sesiones. Tomando como sede el hotel donde vivían Baudelaire y el pintor c, diversos artistas como Delacroix, Gautier, Nerval, Moreau, Victor Hugo, Dumas y Balzac experimentan de cuando en cuando los efectos del opio y constantemente lo

Todas las hojas son del viento by flaco

s del dawamesk que era una mermelada hecha de haxix, almizcle, canela, pistacho y azúcar. Como fruto de esas reuniones, la historia de la literatura recibiría el Hashish de Gerard de Nerval, Le Club des Haschischiens, así como varias pinturas de Boisdenier, la Monografía sobre el haschisch de Morel, los Paraísos Artificiales y El teatro seráfico de Baudelaire. Pero esta suerte es solo protectora con quienes descubren una droga nueva, pero no con quienes convierten en rito, lo que era un hábito allí donde la inteligencia flaquea, cierto es que la muerte ronda. O como diría el gran Víctor Hugo, quizá por experiencia propia:

“El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.”

 

Quizá como cantaba un lucido y joven Luis Alberto Espineta…No todas las hojas sean del viento….

 

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Publicado agosto 5, 2010 por gabrieldaruich en Salud Mental

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