Ansiedad 3: El ansia de un símbolo de paz   Leave a comment

vogel murtein El ansioso, en algún punto resulta ser semejante a ciertos toxicómanos que unen al apetito a un intolerancia a lo que consumen, es decir su ansiedad va más allá de la ansiedad que es señal, o emergencia, para el Freud de los veinte; parece como sí para buscar la emoción por la que sufre, el ansioso necesite regodearse en espectáculos tristes y en medita­ciones fúnebres; de buena gana es, según -la pintoresca expresión de Freud- es un “pájaro de la muerte” (Liechen-Vogel). En el fondo su mente en este estadio es consistente con un estado crónico y paro­xístico, de inseguridad, desproporcionada a su causa, o pri­mitiva, esencial y difusa. Un rasga distintivo de esta patología es su reacción a la espera; el ansioso no puede soportarla, así tomando al primer Freud la transforma inevitablemente en angustia. Tácito, ‘al hablar -de un gene­ral presa de ansiedad ‘constitucional, definió, con su pro­fundtácitoidad y concisión habitual, esta disposición patológica, al decir mora aeger et spei impations: “La espera enfer­maba y la esperanza le resultaba intolerable”.Así la vida del ansioso tal niño temeroso y sensitivo se nutre de “vanas ternuras”; como adolescente es tímido, experi­menta susceptibilidades y pudores excesivos; como esposo o amante, es exasperante por su inseguridad; en lo intelectual por humildad injustificada, subvalora su inteligencia, su apostura, su encanto y su co­raje. Con frecuente sufre de “impotencia emotiva”, así como madre es inquieta e involuntariamente tiránica; orga­niza a su alrededor la “persecución de la ternura” en nombre del altruismo: celando sus niños con una solicitud opre­siva y abundantes restricciones ofensivas; Todas estas expresiones de la ansiedad pueden si se quiere, de no buscar ayuda, tener un vía final común dado que como dice Heidegger somos para la muerte, en tanto esta se vuelva la posibilidad mas próxima, en tal situación estos sujetos que se ciñen alrededor de la edad crítica con una gran ansiedad de envejecer, la llama “angustia de los cabellos blancos”;  pero también angustia de elemento que lo descubra ante el otro como lo que se imagina que es, vale decir que la: calvicie, las arrugas, su desgarrador renun­ciamiento al amor, y a veces también miedo de arruinarse, en esa edad en que “ya no se puede ad­quirir, y por ende crece el temor de morir en la miseria”; de allí resulta una forma de “avaricia” particu1ar como motivo de los ancianos que no es obsesiva, sino ansiosa indiferenciada; por otro lado decimos que no es obsesiva en tanto que la idea es fija, ya que durante toda la vida al analizar estos pacientes hubo una dilación cuasi filosófica (una duda, una necesidad de deshacer) sobre el amar, y de vez en cuando, meditación trá­gica de la muerte, que han servido de argumento para trasladar el motivo de la defensa a ideas fijas en la madurez .Si vamos aún mas atrás incluso ya en su juventud los medios de defensa cuasi instintivos del an­sioso han sido: su recurso a los consejos y sobre toda acción, su demanda de presencia permanente, su necesidad tácita de un confidente que lo comprenda y le infunda un poco de calma y seguridad; En otras palabras su necesidad de confesión, charly que le permita apaciguar los temores y escrúpulos conscien­temente reprimidos; su anhelo por la plegaria, y en definitiva, por todo aquel que puede ofrecer a su ansiedad una salida aún más eficaz que las que conoce (de las que por cierto siempre no ha aprehendido mucho); Así poco a poco se trans­forma, en un una persona que no sabe “querer”, siendo la única expresión del deseo su margen calculado de acción. En tanto avanza este no querer, pasa a ser frecuente su tendencia al misticis­mo, adquiriendo un fino sen

tido del misterio universal, buscando un símbolo de paz que lo envuelve y lo oprime; la superstición, por cierto, sólo una de las tantas caras este rol intermedio de la defensa, puesto que el motivo es desplazar el deseo, así toda su vida adquiere un valor cada vez mas generalizado de representación, su vitrina se llena de medallones, piedras o cualquier tipo de objeto que sirva de fetiche para su ansiedad, por supuesto que algunos clanes pueden buscar formas de filiación, de los ansiosos entre sí: foros de Internet, círculos de lectores y/o estafetas postales pueden volverse depositarios necesarios de sus lamentaciones y cavilaciones que por cierto adquieren un carácter de complementariedad, que tapona y coagula el desarrollo natural de su patología. En 1987 Charly García produce su primer disco parte de la religión de ahí los ansiosos encuentran un himno post-mundial, una canción que se llamaba buscando un símbolo de paz, escuchar al artista hace que nuestras palabras adquieran una veracidad, que solo el arte puede trasmitirnos.

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Publicado junio 13, 2010 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clínica

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