La ansiedad 2: Los márgenes de Gea, en la mismidad del caos.   Leave a comment

 

La ansiedad es además una emoción contradictoria; si bien la persona debe continuar la lucha en nombre de la eluda, por este mismo motivo está impregnada de una incapacidad de actuar, de impotencia. De ahí resulta esa situación psicológica tan particular y desgarradora: imposibilidad igual tanto de reposo como acción. La “desesperación” es un estado de alma muy doloroso; pero que lleva implícita la certidumbre de la desdicha;, es la postración, pero en muchos casos es también un reposo después de la lucha. La “cólera”. aparece asimismo como una emoción penosa, pero trae consigo el conocimiento más o menos claro del daño sufrido y representa, por sí misma, una forma de intervención positiva, un vigoroso medio de acción sobre el mundo exterior. La ansiedad no puede renuncia)’ como la desesperación ni actuar como cólera. El ser en sí parte a la búsqueda de hacia un objeto que no está, se 1imita a dudar; es la adaptación imposible a la desgracia incierta. En esas condiciones, a menos que la ansiedad. transitoria y moderada, no intervenga como ,estimulante Útil ,para una decisión .rápida, la reacción defensiva no puede sino engendrar una desdicha sin salida. El potencial nervioso inutilizado se deriva sobre el sujeto en si mísmo, en una suerte de convulsión agotadora y estéril: de movimiento exterior aborta y se degrada en emotividad interna. Como atrapado en un lazo, el ser en su totalidad, moral y física, vuelve contra sí su energía y, bajo el aguijón de la angustia, sólo consigue anular su propio esfuerzo. Existe una ansiedad normal, rara en las condiciones ordinarias de la vida y proporcionadagea a la importancia de un peligro real. La ansiedad patológica es notable, al contrario, por el exceso de su frecuencia, duración e intensidad y por su origen más o menos autónomo”, es decir gratuito y sin motivo plausible. En gran cantidad de afecciones psíquicas, la ansiedad intermitente a título de síntoma esencial o accesoria: aparece como la secreción natural y, podemos decir, selectiva de todo sistema nervioso que sufre. Inclusive cuando el sujeto, durante su inconsciencia, desconoce su estado patológico, no por deja de sentir, por lo general, un sentimiento confuso, pero profundo, de su inadaptación vital; su sensibilidad, como una advertencia íntima, se inquieta por un mal que su inteligencia no comprende. En forma predominantemente ansiosa recibe ese grito de alarma del instinto de conservación, como diría Garma: “Ese presentimiento dolo, rosa de una desdicha desconocida”. En este punto es interesante la postura de Deveaux donde en varios trabajos señala que el dolo que se impone innata y temperamentalmente, tienen una aptitud excesiva dada la angustia y la ansiedad efectivamente acontecido. Esta predisposición podría ser en ocasiones el producto de fantasmas profundos, algunos pensarían que innatos, que permanecen “en ocasiones latentes, hasta que se 200px-Pseudo-Seneca_BM_GR1962.8-24.1 produce un episodio patológico que la revela, o la causa en forma ocasional, con lo que se subjetivamente uno percibe que el otro exaspera: “No obstante, con gran frecuencia, la observación atenta, en la vida diaria, puede evidenciar una forma de ser que siempre da: pequeños signos o estigmas que, por su agrupación componen un cuadro de la constitución ansiosa”, o como yo prefiero llamarle, constitución distímica del temperamento.

Este concepto de asociar a la angustia con una confusión o caos, tiene una acepción que remite a las teogonías de todos los tiempos. Así el Chaos es producto de la confusorum en la filosofía clásica, en consecuencia se expandía en el mundo la confusión de las tinieblas, hasta que Dios vino a poner en orden los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua). Sin embargo como bien señala Marie Von Franz en la Teogonías de Hesíodo no poseía esta visión mas Cristiana del Caos, puesto que para la mitología griega el desorden es la grieta por medio de la cual Gea (“abertura”, “bostezo”) por medio del cual engendró la tierra. Así tanto Hesíodo en la mencionada Teogonía, como Homero en algunos pasajes de sus épicas, nos dicen que primero fue el “Caos”, especie de oquedad imaginaria sobre el cual se engendraron todos los dioses y las cosas, entre ellos Zeus hijo de Cronos a quien castigó con su implacable rayo (el cual le fuera obsequiado por liberar a los titanes del inframundo, algo así como el infierno Cristiano). Al respecto dice Hesíodo:

“En el principio fue el Caos, luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de los Inmortales que ocupan la cima del elevado Olimpo; en lo más profundo de la tierra de amplios caminos el tártaro, y Eros, el mas bello de los dioses inmortales, que despliega el discernimiento de los hombres y los dioses a los que su decisión somete. Del caos nacieron Erebo y la negra Noche. De la Noche a su vez surgieron Eter y Emea a los que engendró fruto de la unión con erebo”

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Publicado junio 7, 2010 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clínica

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