Paranoias X. De la pseudocomunidad paranoide a la guerrra de los mundos   Leave a comment

 

norman cameron El concepto de seudo comunidad paranoide fue postulado como un concepto dimensional por medio del que el paranoico suple en su mente el contacto auténtico con la comunidad social, su invención pertenece al psiquiatra canadiense Norman Cameron, quien lo ha desarrollado en diversos trabajos publicados en los años cuarenta y cincuenta. Sin embargo fue la sociología la primera en ver a la paranoia como un fenómeno que actúa no solo intrasocialmente, sino también intratensivamente en el tejido mismo de su propia constitución y trama. Así, poco a poco, la paranoia fue estudiada sociológicamente, en función de la dinámica social en que está inmerso el paciente. Hace años que el sociólogo americano Edwin Lemert realizó un excelente estudio sobre los paranoicos con problemas centrados en el trabajo, analizándolos desde dos perspectivas: el comportamiento del individuo desde la perspectiva del grupo y, viceversa, el comportamiento de los demás desde la perspectiva del individuo en cuestión. Encontró que el grupo consideraba al paciente como una figura ambigua, de comportamiento incierto y escasamente fiable, como una amenaza para las normas implícitas en el funcionamiento del mismo. Por contra, desde la perspectiva del sujeto destacaba lo espurio de sus relaciones con los demás, el modo abierto con que lo evitaban el contacto, así como, la ausencia franca de cualquier acción por acercarse a otros significativos. En la medida en que el grupo precisaba de suficiente confianza entre todos sus miembros para el logro de unos objetivos comunes, cuando la comunicación entre el individuo y los demás se interrumpía la relación se destruía o se hacía paranoide. El proceso paranoide comienza cuando el sujeto está sometido a la pérdida, o amenaza de pérdida, de categoría o estatus en el trabajo, en la familia, en la vecindad y siente que no encuentra una alternativa compensatoria, algo que los cognitivas llamarían indefensión aprendida. En tal situación, puede reaccionar negándose a ejercer el necesario control sobre sí mismo y resistiéndose al control oficioso de los demáThe new reviews. Va disminuyendo su disposición a aceptar las reglas del juego en el trabajo: se muestra exigente, se inmiscuye en el terreno de los otros, no responde a las confidencias que se le hacen, reclama privilegios o exenciones, se hace arrogante, amenaza con descubrir los trapos sucios, entre otros barullos, lo que complica aún mas su posición. Al tiempo se transforma su relación con los demás, quienes le consideran alguien incómodo y poco fiable, estableciéndose unas comunicaciones evasivas, superficiales y cargadas de silencios. Sin darle ninguna explicación, los compañeros se distancian de él, evitan hablar de cosas importantes en su presencia, se callan o cambian de conversación cuando él entra, inclusive pueda que haga intentos la persona por restablecer este estado de cosas, pero siempre son frustraos por ese amargo sabor a auto punición que destila de sus poros. Hasta sea posible que lo observen, lo espíen, se reúnan a sus espaldas para hablar de él y para ver qué se puede hacer con él; es decir, forman un contra grupo sostenido por la murmuración, y él se convierte en el centro de atención. Al sentirse aislado, aumenta sus quejas y protestas, convirtiéndose en alguien imprevisible cuya actuación puede generar ansiedades en los demás y exigencias de que «se haga algo». De la exclusión informal puede pasarse a la exclusión con procedimientos formales, organizándose una suerte de conspiración para oponérsele, para excluirlo, para lograr que se le traslade, que se le despida o que de algún modo su seguridad se vea afectada (o al menos así lo sienta). La persecución puede existir realmente en toda regla, por lo que el paranoico se siente perseguido, aunque lo atribuya a motivaciones imaginarias, compensadoras de sus propias deficiencias o fallos.

 187265_war_of_the_worlds_original_portadaSin restar importancia a los conflictos intrapsíquicos, a las relaciones interpersonales y a la estructura de la personalidad en la génesis de los procesos paranoides, es preciso valorar también la influencia del contexto social en que se dan. En este sentido no podemos olvidar el aporte de Franco Basaglia en su libro La mayoría marginada. En este libro el plantea que en muchos casos las circunstancias externas –cambio de normas y valores, aislamiento social, segregación lingüística, traslado de residencia, u otros tipos de cambios pueden crear en el individuo una disposición paranoide y desencadenar reacciones paranoides de diversa intensidad y duración. Por tanto, el concepto de que el paranoico construye imaginariamente la persecución en contra suya es incompleto, al menos en muchos casos. A menudo, el paciente se percata de que se le aísla, se le intenta manipular, se le engaña y se le excluye mediante algún tipo de acción concertada, aunque no podrá valorar de un modo específico la coalición organizada en su contra, sino que la interpretará según sus propios fantasmas interiores. Ni siquiera podrá demostrar nada, porque los demás nunca le dan datos ciertos de la persecución. De modo que puede ser un paranoico, creerse perseguido y estar en verdad perseguido. De ahí que, a veces, pueda inducir a otros a creer en su delirio. Por tanto, el concepto de que el paranoico construye imaginariamente la persecución en contra suya es incompleto, al menos en muchos casos. A menudo, el paciente se percata de que se le aísla, se le intenta manipular, se le engaña y se le excluye mediante algún tipo de acción concertada, aunque no podrá valorar de un modo específico la coalición organizada en su contra, sino que la interpretará según sus propios fantasmas interiores. Ni siquiera podrá demostrar nada, porque los demás nunca le dan datos ciertos de la persecución. De modo que puede ser un paranoico, creerse perseguido y estar en

verdad perseguido. De ahí que, a veces, pueda inducir a otros a creer en su delirio.

La guerra de los mundos (26 de octubre de 1938). Una noche de 1938 fue que llegaron los marcianos para quedarse, fue en realidad una tarde de domingo previa a la noche de Halloween que provocó el terror de costa a costa, inundó de llamadas las comisarías de Policía e incluso provocó algún intento de suicidio. La radio, en esa época, era la reina de las ondas. Millones de personas sintonizaron la CBS a las nueve de la noche en Nueva York, pero quienes no escucharon el mensaje inicial, en el que se aclaraba que lo que venía a continuación era la adaptación de la obra de H.G. Wells, vivieron una auténtica pesadilla. Todo comenzó como un falso noticiario hasta que una interrupción en el programa, con la intervención del profesor Pearson (Welles), de la Universidad de Princeton, sembró el pánico con el anuncio de “explosiones de gas en el planeta Marte”. Después llegó la supuesta muerte de 1.500 personas a causa del choque de un meteorito contra la Tierra, en realidad, el cilindro metálico en el que viajaban los marcianos. Orson Wells, con solo 23 años, apenas si empezaba a desplagar su talento innato y su conocimiento intuitivo del inconsciente colectivo al inducir en el país mas poderoso del mundo en un virtual estado de paranoia: ¿Estamos tan lejos de la locura como pensamos acaso?

Tal como dice Freud: “Así el paranoico no anda tan errado en cuanto al parentesco de los conceptos extraño y enemigo cuando siente esa indiferencia en relación a su demanda de amor, como hostilidad”. Freud, S. Tomo VIII , pág. 200 (1920).

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Publicado marzo 27, 2010 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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