Las paranoias VII: Las formas benignas como psicosis marginales (subparte b)   Leave a comment

 

wernicke Si bien Wernicke describió, quizá en su obsesión por hallar periodicidades, un cuadro paranoide que llamo “autopsicosis circunscripta”, fue recién en 1905 que Friedmann retoma este concepto seriamente en su obra Contribuciones a la teoría de la paranoia haciendo mención por primera vez, formalmente las formas benignas de paranoia, es decir de episodios circunscriptos y curables. Proponemos dejar para otra oportunidad nuevas revisiones, pero si nos adentraremos en este subgrupo que se caratuló como"psicosis marginales" (Randpsichosen) donde para esta escuela está la paranoia. Por eso para evitar confusiones partimos del concepto de Kraepelin. Hay que recordar que el concepto de incurabilidad de Kraepelin era posiblemente cuestionable (Friedmann, Speth, Seele, Willigie, Edwald y otros) e inclusive también el concepto de cronicidad, es más, el mismo Kraepelin había concedido que existen formas de paranoia leve, abortiva y transitoria. Dentro de estos hemos mencionado a la Paranoia abortiva aguda de Gaupp, a este grupo posteriormente se sumaron el grupo de las paranoia periódica que constaban de episodios paranoicos leves, es decir, de corta duración que se pueden repetir varias veces en el curso de la vida. Estos casos en principio raros comenzaron a extenderse conforme se hizo popular el diagnóstico de paranoia aguda y periódica, así el cuadro se extendió excesivamente, hasta incluso cualquier cuadro sintomático agudo de tipo psicótico (Westhfall y Zeihen) lo que este blog cree que es un momento común de la historia no sólo de la psiquiatría sino del pensamiento, e inclusive del arte (no somos filósofos no vamos a explicar porqué). Como quiera que sea estos trastornos paranoicos se en su desarrollo pasarán solidicarse sobre una constitución que se puede llamar genética, o por lo menos en base personalidad previa (lo que se llamo predisposición psicopática en su tiempo, hoy casi inentendible término). Así podría llamarse a esta constitución hoy día paranoide, pero para los fines de nuestro trabajo puede inducir a confusiones en relación con la esquizofrenia paranoide, por eso dejaremos de lado esta posible denominación a prima facies. Recordemos algunos signos principales de estas forma marginales de psicosis, a saber: una elevada desconfianza, así como una marcada conciencia de si mismo. Así su relación de la paranoia y la constitución paranoica de la personalidad fueron estudiadas por Edwal y Lange: Por un lado esta nueva conceptualización desplazaba a la llamada paranoia de involución, dado que, no podía ya incluirse en las verdaderas psicosis paranoicas, por ende, era una forma paralela en relación con la paranoia genuina, dado que ésta "psicosis delirante de la involución" era una psicosis incurable sistemáticamente que muestra a menudo alucinaciones y no siempre presenta una formación delirante, sistematizada y unitaria como así muestran las verdaderas. Además, se desarrolla a partir de una constitución centrífuga en la dirección de las ideas, por lo cual muchas veces el delirio no es más que un desarrollo monotemático con perseverancias francas, es decir, que aparecen fenómenos propios de la regresión. EWALD MANUAL Cabe destacar además que el cuestionamiento de la involución, partía base de este trastorno no la da una arteriosclerosis ni una atrofia senil corriente, sino un proceso cerebral involutivo especial. También en la mayoría de estos enfermos – como dijimos – por mérito propio tenían ya un carácter hipocondríaco y estaban muchas veces alterados en forma progresiva, o bien, siguiendo un patrón en escalera que nos indica cierta continuidad del deterioro, aunque no necesariamente con la demencia por el aumento del desarrollo ideatorio; Por otro lado a partir del concepto recientemente desarrollado por Ewald sobre las enfermedades paranoicas se pudo poner en relación a este concepto, con lo que se entiende como reacciones aguadas paranoides (formas marginales de psicosis) puesto que éste autor busca la anormalidad de la disposición paranoica en el carácter, al cual pertenecen los modos de ser de la comunidad (Die Geminschaftsgesinnungen). Pero Ewald lleva traslada a las psicosis paranoicas sus ideas de los "trastornos biotónicos", con lo que pierde fuerza la idea de un constructo homogéneo.Es decir que en el comienzo de las psicosis paranoicas existiría ordinariamente una disminución del biotono que daba depresión y sentimiento de angustia, lo que creemos no es tan frecuente y falta desde luego en la paranoia expansiva. En el desarrollo ulterior del delirio paranoico se hace valer el temperamento hipomaníaco, propio, según Ewald, del paranoico, pero por esto entiende menos un talante alegre que una conciencia extraordinaria de sí mismo y un "impulso vital" victorioso. Así conocimiento el conocimiento se afecta unívocamente (eindentige) permitiendo progresivas elevaciones y disminuciones del tono psíquico en la capa del Yo, afectando la vida en comunidad: así el YO se eleva a sí mismo en el delirio redentor expansivo y se deprime en el delirio de persecución respectivamente. Alteraciones funcionales sobre las capas de los sentimientos, del Yo corporal y del Yo mismo pueden transcurrir juntas de las maneras más variadas (tal como lo había observado por Lange). IMG_0007

Pero estas formaciones no puede decirse que integran la esencia de la paranoia. El que puedan ir juntas se acomoda al concepto total de enfermedades constitucionales, en que hay siempre tipos -unos frente a otros- con mezclas y transiciones. En consecuencia junto a la paranoia expansiva y persecutoria típica que transcurre crónicamente podamos colocar, además de las confabulosis de la hipocondría, dos formas psicosis paranoicas agudas: "la autopsicosis expansiva con ideas autóctonas" de Wernicke y la "alucinosis persecutoria aguda". Cabe aclarar que lo que Wernicke comprendió como ideas autóctonas son las creencias y revelaciones que crecen repentina y bruscamente, que deciden "en el hechizo" del pensar y del obrar, las inspiraciones que atribuyen a Dios, a los ángeles, a los Santos, al espíritu Universal. Siempre es sentida una fuerza extraña y sobrenatural como fuente de estas inspiraciones. A veces las inspiraciones adoptan un tono sensorial y son designadas expresivamente como voces ("psicosis aguda expansiva) de inspiración". En esta parte entran los así denominados delirios místicos, que son condiciones proféticas que pueden provenir de Dios, el demonio o de un ente extraterrenal de gran poder, por ejemplo. Las personas que los rodean pueden convertirse en defensoras, o bien perseguidores, de su construcción del mundo. En estas formas las intuiciones cobran prácticamente un carácter alucinatorio, y las IMG_0006 alucinaciones una figurabilidad deliroide, de gran expresividad, que permite hablar de construcciones icono clásticas e inclusive de logradas epistolares, que a colación, como no son infrecuentes las voces, se entiende que están signadas por un desdoblamiento del yo alcanza gran magnitud. Sin embargo acá surge un problema algunos autores montados al caballo de avivar al vecino de enfrente, se meten a querer explicar constituciones míticas que en realidad son el ideal (cuando no la sombra) del la que parten los pobres desgraciados que caen en realidad en la psicosis mística, para no mencionar aquellas formas que por su insurgencia social pueden ser sospechosas, pero por eso mismo debe uno correrse al costado y no opina. En consecuencia creemos que estas formas son la ilustración de un cuadro del cual no forman parte los Santos, pues nadie puede analizar uno (Lacan, 1938) sino personalidades psicopáticas cuya vida incustionablemente cae en el ocaso por sus falsos sueños de un mas allá, en ese sentido recordamos la masacre que tuvo lugar en Texas hace pocos años con esos simpáticos Davidianos, a eso nos referimos cuando decimos delirio místico, inclusive no ya a los Davidianos sino a poder comprender estas mentes, y poder exlpicar algo de los que los constituye luego en grandes inductores y abductores de ideas realmente peligrosas no para la sociedad, no para el capitalismo sino para el mundo en el que uno vive en forma inapelable. En forma personal  yo también se que todo es cuestionable: pero no me sobre el tiempo para cuestionarme que me cuestiono, y por ende terminar cuestionado para no decir nada: ¿Por otro lado que hace el otro para no ser cuestionado? ¿O acaso se creen que uno es santo o heroe por subvención del estado y aprobación de un examen médico, previa mesa examinadora de idoneidad: ¿Es la psiquiatría una pseudociencia o en todos nosotros se esconde un pseudo iluso? Si supieran los judas de la psiquiatría el favor que hacen a ella, terminaría internados por intentar quitarse la vida: ajaja!

 David Koresh.El 19 de abril cuando, a las 5,30 horas, los tanques del FBI decidieron atacar definitivamente. Cuando los asaltantes lograron abrirse camino por entre las llamas que ya consumían el edificio del rancho, ante su vista aparecieron confundidos y mezclados los cuerpos carbonizados de la mayoría de los seguidores de Koresh, incluido este mismo, que presentaba un solo disparo en la frente. El apocalipsis próximo profetizado por el perturbado Vernon Wayne había llegado por fin para él y los suyos, y era ya una terrible y humeante. En el balance final de muertos dentro de Monte Carmelo fue de 69 adultos y 17 menores, todos calcinados. La versión oficial de la policía hablaría de que fueron los mismos davidianos los que provocaron el incendio en un aquelarre de suicidio colectivo. El nombre de Waco y el de un rancho próximo llamado por sus ocupantes Monte Carmelo pasaron del más absoluto incógnito a ser noticia con motivo del asedio y posterior destrucción de unas paredes entre las que aguantaban el cerco David Koresh y sus seguidores, los davidianos, del que éste se había autoproclamado líder espiritual. Era el 19 de abril de 1993 cuando, tras casi dos meses de conminación a la rendición (exactamente 51 días), las tanquetas del FBI entraron en el citado rancho ubicado cerca de Waco (Texas). Tras los agentes, otro «ejército» tan numeroso como el de aquellos: los periodistas que captaban con sus cámaras (más de un centenar) el horrendo y dantesco paisaje después de la batalla. David Koresh Yaweh se llamaba realmente Vernon Wayne Howele y era uno de los numerosos predicadores generalmente apocalípticos que en Estados Unidos aterrorizan a sus seguidores con toda clase de calamidades individuales o colectivas, formando así una secta que se llamó los Dadivianos. Koresh  había llegado a dirigir su secta a través del matrimonio con Rachel Jones (14 años), hija de uno de los dirigentes de la misma y al que arrinconó enseguida, sustituyéndolo en la cima jerárquica. De todas partes llegaban nuevos adeptos ganados por la persuasiva doctrina de un David Koresh que, al fin y al cabo miembro de una sociedad como la estadounidense, estaba armado hasta los dientes dentro de lo que sería su gran mausoleo en Waco. Previamente había efectuado compras de armas por valor de más de 250.000 dólares, según él para estar preparados llegado el momento del acoso del «Mal».En vísperas de la tragedia, y en el que sería su último refugio, Koresh había reunido junto a él a numerosos adultos pero también a un buen número de niños, y con unos y otros, se dispuso a convertir en un fortín inexpugnable el rancho Monte Carmelo. El primer encontronazo había tenido lugar el 28 de febrero, cuando las autoridades, tardíamente preocupadas por el cariz que tomaba el asunto, decidieron pasar a la acción, acusando a los davidianos de tenencia masiva de armas y de abusos sexuales para con los niños que mantenían a su lado. Recibidos a tiros, los agentes contestaron de igual manera, produciéndose entonces un primer balance de cuatro agentes muertos y una decena de sectarios abatidos. La cuenta atrás empezaría a ponerse en marcha desde aquel día premonitorio. Pero este no fue ni el primero, ni el último caso donde un loco es escuchado por los “sanos”, inclusive quien escribe quizá no esté a salvo de la ignorancia indómita, pero en la medida en que puede pensarse lo que se ve se entende y se comprende, y se recuerda poco a poco la triste condición de humanos, la triste aceptación de que nuestra constitución sana es una ilusión que se protege circunstancialmente de la muerte.

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Publicado febrero 20, 2010 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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