El complejo de Elektra   Leave a comment

Tampoco para la mujer esta etapa será gratuita en ella se produce lo que C. G. Jung denominó el complejo de Elektra por  la cual la niña elabora una inclinación erótica hacia el padre, y en consecuencia, un sentimiento de celos hacia la madre. Ahora bien “Electra tomo sangrienta venganza a su madre Clitemnestra por el asesinato del marido de ésta, a consecuencia de la cual Electra perdió a su amado padre. Ambos complejos de fantasía van formándose con mas madurez en la post pubertad, deshaciéndose de los padres”. Pero no es inusual que uno vea que en el desarrollo de ciertas personas en la pubertad sea desafortunado, dado que no pueden literalmente desprenderse de sus padres. Lo que sucede es que la libido queda así estancada, por lo que puede darse en forma directa una acción violenta contra el padre y una sensación cariñosa a la madre (consumación del complejo); o bien indirecta, en donde puede sublimarse por medio de una sumisión al padre, como formación reactiva de una sensación de asco frente a la madre. Como quiera que sea, la situación tiene un desenlace funesto, es decir, que tanto el complejo de Edipo, como el Complejo de Electra pueden dar el desenlace a un crimen directo, puesto que la incorporación directa, o bien la introyección indirecta, llevarían a generar una gran resistencia contra  todo acto que se realiza (no solo frente a los que fallan), calificando todo su accionar pulsional como una inmoralidad, por lo que los complejos se nuclearían con mayor actividad volviendo la vida una completa necesidad erótica de transgredir que todo lo a sí mismo se prohíbe. Esta es la base de los sentimientos de culpa que llevan al delito en el ser humano. Pero no siempre es tan así, en otros casos se suceden formaciones intermedias que dan lugar al sacrificio de una gran parte de la vida instintiva, que permite  continuar con una restringida actividad, mediante una profunda inhibición de la fantasía inconsciente de la persona. Esta es la base sobre las que se erigen sentimientos altruistas que intentan reparar, la fuerte inclinación contradictoria que generaría la consumación instintiva. Así se explica aquellos psiquismos que admiten todo tipo de privaciones, excepciones y enclaustramientos con tal de evitar la consumación funesta de su deseo instintiva, que por debajo se encuentra escondida bajo la forma de una tremenda avidez y egoísmo. Este es un punto de digresión histórico del psicoanálisis con otras corrientes que piensan que en realidad podría renunciarse a la vida libidinal, dado que sería una forma de sublimar. Es cierto que si uno reniega de su vida instintiva puede, en efecto, librarse de una profunda angustia, En consecuencia el individuo podría  – en un contexto social que acepta esta conducta – obtener los beneficios que se esconden en ser el representante de la pureza, la castidad, y porque no los beneficios la santidad. Supongo que de ser una persona ideal no hay objeción que hacer; pero otras veces sólo sucede lo que reza el conocido axioma popular: “no todos somos santos”. En consecuencia estas renuncias son muchas veces paradojales, pues cuanto mucho, la mayoría – al someter a la persona a tan altas exigencias – solo permiten reparar algunos aspectos del conflicto, pero no puede aceptarse que en la mayoría de los casos lo resuelva. Así no es sorprendente que una elección de vocación tan compleja como el sacerdocio, puede generar una posición de gran ambivalencia para sí, y para nuestros semejantes. Esto da cuenta también de cómo se generaron algunas personas que vemos a veces en los periódicos, que no preparadas para ejercer con libertad su evocación, se ven tarde o temprano empujadas por la incontinencia de sus sentimientos de privación a realizar actos ilícitos; a la vez que se amparan para ello en el ejercicio de cargos de gran jerarquía, compromiso personal y valor social. El sentimiento de frustración colectiva ante tales casos, es plenamente justificado, dado que  en estas personas la sociedad deposita los sentimientos más onerosos y sagrados. Así pues estos actos patológicos son la causa, y el efecto, de un enorme caldo de cultivo sobre el cual siempre se sustenta una doble. Así si en el mejor de los casos una simple disconformidad personal  se traduciría en sentimientos ambivalentes, en personalidades mórbidas podría ser una forma de generar en el otro esos mismos sentimientos. Después retomaremos con mayor detalle éste tema.  El complejo de castración se encuentra ligado por sí mismo a la finalización del complejo de Edipo, por razones dinámicas. En términos de la fantasía podemos decir que el niño desarrolla la creencia inconsciente de que pueden amputarle su miembro, y la niña, de que le fue amputado. Por lo que para los dos sexos van a constituirse constelaciones diferentes, para solventar el sentimiento de angustia que produce a nivel fisiológico el  complejo de castración. Para el niño la angustia se constituirá en el  sentimiento de poder ser castrado; en cambio para la niña se va a convocar en angustia, el arrepentimiento que sentirá al desear que éste regrese. De continuar el Edipo el individuo podría pasar de  un complejo de castración por medio de un sentimiento de frustración[i]. La base para que esto suceda se discute bastante pero se sabe que se desarrolla sobre un sentimiento de privación que tendría lugar por un temor de separar al pene de la materia fecal (Jones),  el complejo de sevrage???(Starkle) y en el momento primordial de separación del cuerpo maternal por un trauma del nacimiento (Rank, Ferenczi).  Se incorpora así en el complejo de castración una sensación de castigo sangriento que implica a la castración, y a la vez explica la formación de imagos en base a fantasías relacionadas con amenazas retaliativas, necesidad de huída,  atribución a los elementos de mordacidad, temor a los procedimientos quirúrgicos, entre otros. Estas imágenes se expresan por medio de fantasmas o a través de los sueños. Así esta formación reactiva resguarda una eficacia en sí pues es la que genera en el púber el sentimiento de culpabilidad frente al ejercicio de la masturbación, y todas las formas de autoerotismo equivalentes, dado que se erige un sentimiento de culpabilidad, que tiene como base al complejo de castración, que como vimos genera un sentimiento de enorme frustración. Finalmente hemos hecho mención a un complejo de auto punición, o culpabilidad que se genera secundariamente por introyección al súper yo de imagos que crean deberes, evitando así la punición ante el mínimo sentimiento de realización. Se trata en realidad un proceso en el cual se erotiza la angustia de castración para evitar hacer frente a la imagen parenteral. Este beneficio a corto plazo evita sentir angustia, pero se traduce secundariamente en un fuerte sentimiento de culpa producto de la formación de un súper yo severísimo (hipertrofiado).


[i] Ey, Henry. Études Psiquiatriches. Pág.

Anuncios

Publicado noviembre 1, 2009 por gabrieldaruich en Psiquiatria dinámica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: