El pacto con el demonio   Leave a comment

 

image Un pacto con el diablo, trato con el diablo, o pacto fáustico es un referente cultural muy extendido de la civilización occidental. En el mismo hay una presencia importante del demonio, manifestada sobre todo en la leyenda de Fausto y la figura de Mefistófeles, pero común a todo el folclore cristiano.  Así según las creencias Cristianas tradicionales sobre la brujería, el pacto quedaría establecido entre una persona y Satanás o cualquier otro demonio (o demonios): la persona ofrecería su alma a cambio de favores diabólicos poderosos. Estos favores varían simageegún el relato, pero suelen incluir la eterna juventud, el conocimiento, las riquezas, el amor o el poder” (Kunkel, 1924a).  El diablo es un personaje omnipresente en la tradición religiosa occidental, los judíos lo llamaron Satán[ás] (‘el adversario’)  y los griegos Diablo (de diabolos, ‘el acusador, ‘el adversario’) (Papini 1963: 28). También fue llamado también Belus o Baal por los asirios (que devino en Bally  la devoradora de niños de los Fenicios) y Set (y Apap o Smu) por los  antiguos egipcios. Lo cierto es que el espíritu del mal aparece en el Génesis como ya existente, sin intervención de Dios. En el Antiguo Testamento, aparece citado como Lucifer, «lucero de la mañana», en el libro de Isaías (14,12-15, Biblia 1965: 881); también aparece cuando Dios ordena a David que haga el censo de Israel (Paralipómenos 21,1, Biblia 1965: 459); o cuando Dios llama a Satanás para que, por una apuesta, tiente a Job (Job 1,6.9.12, Biblia 1965: 648); y en la visión del sumo sacerdote Yosuán (Zacarías 3,1, Biblia 1965: 1141). diabolico-deseo Ya en el Nuevo Testamento, es decir en la integración Griego-Judeo-Cristiano, aparece en el Evangelio (Marcos 5,9 y Lucas 8,30, Biblia 1965: 1208 y 1240) cuando Jesús encuentra al energúmeno de Gerasa y ordena al espíritu inmundo que abandone su cuerpo y en las tentaciones que sufre Jesús en el desierto (Mateo 4,1-12 y Marcos 1,13, Biblia 1965: 11167 y 1203). Pero no es hasta la época de los Padres de la Iglesia, en los primeros siglos del cristianismo, cuando se hace de Satanás el  «ángel rebelde» o el «ángel caído», a partir del libro del Apocalipsis de Juan:

«Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón» (12,7, Biblia 1965: 1487).

image¿Todo sigue igual? No del todo, para estos tiempos Satanás se habría rebelado contra Dios por vanidad o por soberbia, por querer ser como los hombres o, lo que es lo mismo, como Dios en espíritu. Así esta doctrina de la Iglesia no era sino la respuesta doctrinal a la herejía de los gnósticos (que continuaría hasta los cátaros). Éstos consideraban que el Diablo no venía de Dios (en tanto que ángel o espíritu) sino que, en sintonía con las creencias mazdeístas de dos opuestos (Ormuz y Arimán), estaban ambos en el mismo rango. Por ello, a partir de la imposición de la doctrina por la cual el Diablo provenía de Dios y contra el cual se había rebelado, pasó a ser el principal enemigo del cristiano. edicto Con el edicto de Milán (siglo IV) que proclamaba el cristianismo como religión oficial del Imperio romano, la doctrina fue endureciéndose, condenando las restantes. No es mi intensión el desarrollar un inventario demonológico, pero me gustaría cristalizar al lector por un momento en esta suposición cátara. Así palabra alemana "unheimliche" tiene concentrada tal riqueza de significados que en castellano necesitamos de muchas otras para acercarnos a aquello a lo cual Freud se refería: siniestro, ominoso, aciago, funesto, azaroso, de mal agüero, desgraciado, abominable. Aún así, estas palabras de imagenuestro idioma no terminan de darnos cuenta de la relación con "heimliche" (íntimo – familiar) y "unheimliche" (ajeno, aterrador), ya que, tal como Freud nos señalara, "heimliche" es una palabra que ha desarrollado su significado siguiendo una ambivalencia hasta coincidir al fin con su opuesto, "unheimliche". Retomamos entonces considerando al diablo como algo siniestro, es decir, como sinónimo de izquierdo. Volviendo al concilio de Trento  encontramos que en la Biblia que se aprueba, a la izquierda es el lugar de los condenados y la dirección del infierno, así como la derecha es el lado donde se hallan los elegidos y la dirección del paraíso. Por otra parte, en el mito andrógino de la creación, el derecho era el lado hombre y el izquierdo el lado mujer. La Edad Media cristiana no escapó a esa tradición porque siendo hembra, la izquierda es oscura y satánica y siendo macho, la derecha es diurna y divina. Asimismo, dice Freud en Una neurosis demoníaca..:

"Dios y Demonio fueron originariamente idénticos, una misma figura que más tarde se descompuso en dos, con propiedades contrapuestas".

coppelius Cuando Freud pasa revista a personas, sucesos, cosas o situaciones consideradas "ominosas", citando a Jentsch dice que "la duda sobre si en verdad es animado algo en apariencia vivo, y, a la inversa, si no puede tener alma cierta cosa inerte", genera el sentimiento de lo siniestro. Se refiere a figuras de cera y a muñecas de construcciones ingeniosas. Compartiendo la opinión de Jentsch, pone como ejemplo un cuento de Hoffmann, Coppelius o El hombre de arena, en el que una muñeca – Olimpia – parece animada. Así vemos que:

Derecha – izquierda; Dios – Demonio; paraíso – infierno; varón – mujer; bien – mal. Dualismos que se reiteran y que remiten al doble, otra palabra vinculada a lo siniestro. Son dobles tanto los que tienen un aspecto idéntico entre sí como aquellos que sienten o piensan lo mismo. Freud pone un ejemplo, "la identificación con otra persona hasta tal punto de equivocarse sobre el propio yo o situar el yo ajeno en el lugar del propio, o sea duplicación, división, permutación del yo…". coppelius2

El tema había sido previamente tratado por Rank en 1914, en un ensayo sumamente completo y erudito en el que el autor indaga, entre otras cosas, los vínculos del doble con la propia imagen vista en el espejo, con la sombra, con el espíritu tutelar y con la muerte. Finalmente podemos ver un vínculo estrecho que existente entre Dios y el Diablo que es retomado por Freud para decir que, por la ambivalencia de sentimientos, Dios representa al padre amado mientras que el Diablo es el padre odiado. Además, cuando un Tristeja ante un espejo nuevo dios suplanta a otro, el suplantado se convierte en demonio maligno.

"Cuando un pueblo es derrotado por otro, no es raro que los dioses destronados de los vencidos se trasmuten en demonios para el pueblo vencedor. El demonio maligno de la ciencia cristiana, el Diablo de la Edad Media, era, según la propia mitología cristiana, un  ángel caído de naturaleza divina". image

 Así "El Otro es el Mal", como decía Simone de Beauvoir, señalando que, mientras el varón se coloca en el lugar de "Uno", condena a la mujer a ocupar el lugar del "otro". La Europa neolítica no tenia dioses, adoraba a la Diosa Madre. Esto también sucedía en Siria y Libia, mencionamos antes a Cybeles. La Gran Diosa era considerada inmortal, inmutable y omnipotente. Es que no existía, en los comienzos de la Humanidad, la idea de paternidad. A los vientos, a los ríos o a algún otro fenómeno natural se les atribuía la responsabilidad de los embarazos. Eran los tiempos del matriarcado. Cuando el patriarcado lo sustituye, las religiones destronan a la Diosa y entronizan al Dios. Paralelamente la mujer, ese extraño ser portador de vida, empieza a ocupar el deleznable lugar del "otro". "La misoginia y la androlatría están indisolublemente entrelazadas con las convicciones y creencias religiosas imperantes en los últimos dos mil a cuatro mil años, así como lacan_tenia_razona los siniestros deseos queimage se ocultan en nuestra vida cotidiana, y así resguardan, algunas de nuestras mas hondas convicciones. Esta inclusión de la alteridad, propicio la producción, de un orden que no deja de crear representaciones siniestras dentro de nuestro inconsciente, pero que, operando por medio de disociaciones y represiones, nos mantienen un tanto mas al amparo de las escindibles entias primeras, que eran las diosas madres.  Como veremos en el próximamente un pacto no es necesariamente ni algo malo, ni algo bueno, pero es por lo menos un acuerdo entre partes, incluye a un otro en la transacción. Que evita que seamos devorados por las mismísimas creencias, que se relamen, de nuestros miedos a la otredad.

 

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Publicado julio 26, 2009 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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