La personalidad neurótica de aquel tiempo   Leave a comment

 

K Horney Ya que andamos paseando por el pensamiento de los llamados por entonces neoanalistas de New York, sería bueno que demos un repaso a la más sistemática de todas esas personalidades que fue precisamente Karen Horney, además, la personalidad neurótica fue el segundo libro que leí después de la interpretación de los sueños sobre psicoanálisis. Lo que me llamó la atención de ella, como de Freud, fue su particular interés por el autoanálisis, pero a decir verdad luego encontré poco viable este concepto en especial después de leer a Horney. Esta autora intentó de alguna manera trazar un puente entre Freud,y el olvidado Alfred Adler en su primer libro La personalidad neurótica de nuestro tiempo (1937) la personalidad neurotica de nuestro tiempo tomando – especialmente de Dreikus – mediante el cual se liga al sentimiento de inferioridad e invalidad con la producción de una ansiedad básica en el neonato, ansiedad y miedo que se mantiene a lo largo de toda la infancia, adoptando, no obstante formas prototípicas de manifestarse. Según esta autora, podemos tener 4 categorías de miedo:

    1. Miedo contra nosotros mismos: de hacernos daño, de equivocarnos, etc.
    2. Miedo de hacer algo a los demás: puntualmente el tema de la agresión, pero especialmente agregaría un profesor mío la envidia y el odio.
    3. Miedo de que los demás nos hagan algo que no deberían hacer: este puede ser a su vez centrípeto funcionando de manera que se expande hacia otros diferentes del núcleo de los mas significativos, pero también, en sus formas mas graves ser centrífugo y alcanzar a los otros significativos ocasionando severas distorsiones en las relaciones interpersonales.
    4. Miedo a los acontecimientos supraordinales: terremotos, tempestades, gobernantes argentinos, etc.

baby La génesis del miedo según la autora se origina de forma ex vacuo en el infante, es decir, que la ansiedad en estos primeros modos no persigue un objeto determinado. El niño siente miedo a todo en general, y a nada en particular; en cierto modo, dice la autora, podría inferirse que el miedo surge de saber que existe, pero pronto irá adquiriendo una orientación centrípeta abarcando objetos y personas específicos hasta poder ser encuadrado en algunas de las cuatro categorías precedentes. A cada una de éstas le corresponde una defensa:

  1. La búsqueda de afección y cariño sirve fundamentalmente para asegurarse la protección frente a los miedos proyectados desde fuera y da lugar al tipo de personalidad que quiere siempre vivir aferrada a las faldas de mamá. Ese carácter, aparentemente generoso, busca merecer nuestra protección y cuidado (da para recibir si es posible con lucro).
  2. La segunda defensa es la sumisión o la dependencia; en este caso el niño renuncia a ser quien es y adopta la forma de conducta que le es sugerida por quien momentáneamente es percibido como dominador.
  3. La tercera defensa se dirige a la adquisición de un poder o un dominio, capaz – como la varilla mágica de la lámpara de Aladino – de subyugar la resistencia o dificultad y convertir al sujeto en una especie de omnipotente demiurgo.
  4. autista4. La cuarta y última consiste en el retraimiento, es decir, en la defensa de todo contacto con el exterior (la defensa autista).

En la tercera defensa puede verse una cuestión fundamental, lo que diferenciaba a Adler de Freud, era que el primero veía en la superación de la inferioridad por medio del poder un imperativo necesario para la autonomía, Freud creía en cambio que la superación de este aspecto conativo, solo posibilitaba rigidizar las defensas, puesto que en el fondo todo cognación permite traslucir o esconder un afecto, es decir que, todo acto de poderío o de afirmación sería una intelectualización de un conflicto que subrepticiamente continuaría operando. Karen Horney fue mas lejos que Adler, puesto que considera a esta puesta en marcha de la ambición y el poderío como una transacción valida ante la angustia (ósea que no ve en el complejo de inferioridad el primus movens, pero sí la ratio cardinalis contra la angustia). Mas aún, como dejaba traslucir antes, tuvo un interés particular por recuperar el primer KHclinicmovimiento pre analítico del autoanálisis, así a partir de 1945, publica el caso de una paciente Clara quien mediante sus consejos dice haberse curado de su neurosis, huyendo a la salud y evitando contar sus problemas. A pesar de estas cuestione meta teóricas Karen Horney fue según dicen una analista excelente, mas práctica que teórica, que basaba sus interpretaciones fundamentalmente en el aquí y el ahora, cuestiones que van a ser retomadas luego por Otto Keemberg. Publico luego libros de capital importancia para entender el rol de las neurosis en las sociedades modernas como Nuevos Conflictos Interiores, Nuevos Rumbos en psicoanálisis y Neurosis y desarrollo humano. Abriendo aún mas la necesidad de comprender a la personalidad en su contexto social, preocupación, que marcó a todo esta escuela culturalistas, marcados en aquel entonces por sociedades que entendían como neuróticas o invadidas por la modernidad neurótica. Complejidad caracterológica que es difícil hallar hoy día, por lo menos en mi experiencia.

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Publicado junio 11, 2009 por gabrieldaruich en Psiquiatría Clásica

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